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Los escritores y muchos otros artistas son originales hasta en las fuentes de inspiración: Por ejemplo, Antoine de Saint-Exupéry, afamado aviador además de escritor, tenía un cuaderno a mano mientras pilotaba; Pablo Picasso se encerraba en su estudio; F. Scott Fitzgerald era fiel a la ginebra, tal y como se refleja en los personajes de sus novelas; y Truman Capote pensaba mejor cuando estaba tumbado. Sobre la inspiración, surgen varias preguntas: ¿Cómo nace la creatividad? ¿Qué se puede hacer cuando las musas nos abandonan y no se nos ocurre ninguna idea brillante que plasmar sobre el papel? Para ahondar en estas cuestiones, he entrevistado al escritor y periodista suizo Joseph Hanimann, gran conocedor de la vida y obra de Saint-Exupéry.

 

Joseph Hanimann, además de conocer de primera mano el proceso creativo de la escritura en múltiples campos, ha investigado la obra y los métodos creativos de otros escritores. En concreto, ha escrito la biografía de Antoine de Saint-Exupéry, autor que sorprende porque no era disciplinado en absoluto. «Siempre ponía gran pasión en lo que hacía. Si no se le ocurría nada sobre lo que escribir, simplemente, no escribía», dice Hanimann. El escritor francés, nacido en 1900, se inspiraba en sus propias experiencias. Estas giraron en torno a la aviación durante la mayor parte de su vida. Desde los 23 años, Antoine de Saint-Exupéry fue piloto. En 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, desapareció mientras realizaba una de sus misiones. «Estoy convencido de que fue escritor gracias a sus vivencias como aviador. También creo que su faceta como escritor hizo más interesante su trabajo como piloto», cuenta Hanimann. «Tenía una imaginación desbordante, pero necesitaba la tecnología y la realidad para situarse».

¿Así que la aviación, los viajes y las experiencias que vivió dieron lugar a las famosas novelas de Saint-Exupéry? «El material de las historias nació de sus vivencias, que él adaptaría para sus obras. A veces utilizaba la escritura como válvula de escape, pero, en general, revivía sus experiencias para dotarlas de significado», reflexiona Hanimann. Es indudable que existen paralelismos entre la vida y la obra de Saint-Exupéry. «Por ejemplo, trabajó en su primer manuscrito mientras se hallaba en pleno desierto», continúa Hanimann. El comienzo de El principito está inspirado en un suceso real. En 1935, Saint-Exupéry hizo un aterrizaje forzoso en el desierto y estuvo vagando por él cinco días hasta que lo rescataron. Por lo tanto, el desierto era una de sus principales fuentes de inspiración. ¿Es posible asociar la creatividad con un lugar concreto? «La creatividad siempre está asociada con algún lugar», afirma Hanimann. «Es imposible ser creativo en la nada».

Como la experiencia no lo es todo, pregunto a Hanimann acerca de la disciplina en el proceso creativo. «En El principito, el autor habla de la disciplina. Utiliza mucho el término domesticar», contesta Hanimann. «El mundo es un caos y debe arreglarse. Sin embargo, esto suponía un problema para él». ¿Saint-Exupéry sufrió alguna vez el famoso bloqueo del escritor? «En cierto modo», explica Hanimann. «A menudo, le costaba plasmar sus historias en novelas. Sabía lo que quería decir, pero no era capaz de expresarlo tal y como quería. Así que podía considerarse un bloqueo de escritor o, simplemente, un atasco». ¿Tenía algún método para solucionar ese problema? «No, no tenía ninguno. Si hay un escritor que destaca por la falta de método creativo, es Saint-Exupéry. Era completamente caótico. Si estaba bloqueado, se empecinaba en seguir trabajando, hasta que por fin terminaba la tarea. Improvisaba muchísimo. A veces le salía mal, pero también lo disfrutaba».

¿Qué papel tienen las llamadas musas? «Las musas, fuentes de inspiración mitológicas, son una paradoja. Deseamos que aparezcan, pero a veces son fuente de distracción o interfieren en el trabajo. Es decir, que lo ideal es que estén presentes sin estarlo», dice Hanimann. «Para Saint-Exupéry, las musas tenían forma de mujer», continúa el entrevistado. «Estas mujeres eran muy importantes, pero no como fuentes de inspiración. Lo eran porque lo alentaban a trabajar y le imponían una disciplina. Algo así como un coach hoy en día».

¿Qué método tiene el propio Hanimann? «Soy justo lo contrario a Saint-Exupéry. Él no seguía ningún ritual. A veces, incluso escribía en un cuaderno que llevaba sobre las rodillas mientras pilotaba. Sin embargo, para mí, los rituales son muy importantes. La escritura es un trabajo solitario, por lo que es importante organizarse bien. Yo necesito una rutina», dice Hanimann. Como muchos otros escritores y artistas, prefiere trabajar por la mañana. Quizá sea porque la salida del sol refleja el desarrollo del proceso creativo. «Mi peor momento es entre las 13:30 y las 14:30. Es un periodo improductivo», comenta. «Pero no me ocurre solo a mí. Nietzsche hablaba del “gran día” en un sentido negativo, con referencia al sol abrasador. Por eso, en los países del sur duermen la siesta». ¿Cómo supera Joseph Hanimann el bloqueo del escritor? «Es sencillo: dejo el texto y me pongo con otra cosa», contesta Hanimann. «El tiempo lo cura todo, incluso el bloqueo del escritor». ¿De modo que la escritura no puede forzarse? «Se puede forzar en parte», comenta, en referencia a la disciplina. «Pero todos tenemos un límite y, cuando lo alcanzamos, es mejor dejar el texto para no estropearlo. Si ocurre eso, solo hay que esperar a que vuelva la inspiración. Por supuesto, es fundamental creer que va a volver tarde o temprano».

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